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miércoles, 10 de noviembre de 2010

La política es cosa de chicos

Sin temor a volvernos demasiado sintéticos, podemos decir que el neoliberalismo como corriente política (los Reventados) tiene dos grandes máximas: la gestión siempre en manos privadas y la política es cosa de grandes (quiero decir, de hombres “mayores”, de adultos).

Por estos días hemos asistido a un direccionado ataque sobre Aerolíneas Argentinas. Desde diversos medios se gasta tinta y papel en sostener hechos que intentan construir una historia sobre la empresa, su gestión, sus problemas, su presente y su futuro. Pero, sobre todo, sobre sus responsables es que se escribe. Pareciera más importante hacer hincapié en quiénes la conducen que en si tiene un problema real, sus causas y consecuencias.

Hace tiempo que sabemos que las historias que se relatan en los Diarios o por televisión no necesariamente están sostenidas por hechos reales. No hace falta que algo haya sucedido para que nos lo presenten como una irremediable verdad. Tampoco hace falta contar con fuentes verdaderas que apoyen la historia, alcanza con algún recurso retórico para camuflarla (“según habría dicho cierto funcionario que almuerza seguidamente con otro funcionario que tiene su despacho a dos oficinas de un secretario…”). Hay un cuento de Borges que termina diciendo algo así como “le he narrado la historia de este modo para que usted la oyera hasta el final”. En ese sutil (?) mecanismo se basan la mayoría de las operaciones periodísticas de hoy en día. De hecho, están más cerca de la (mala) literatura que del periodismo. Por ende, la discusión con el periodismo hoy más que nunca no es sobre los hechos que relata sino sobre aquello que oculta en el relato. La discusión es, entonces, una discusión política; una discusión sobre el sentido de las palabras y su efecto en la realidad.

¿Qué hay detrás de esta embestida contra Aerolíneas Argentinas y sus responsables? Parece que los astros están en línea y todos apuntan en una misma dirección. Y no es coyuntural ni caprichoso ese ataque, sino más bien estratégico. Pegarle a AA significa pegarle a ciertos símbolos de este Gobierno: por un lado, la gestión estatal de una empresa que antes estaba en manos privadas y, por otro, la “juventud” como motor del cambio. Es decir: a través de la (supuesta) “falta de” o “mala” gestión de AA, se le pega al Gobierno; se intenta proyectar el “problema” de AA como si fuera una pequeña muestra que refleja y reproduce una realidad de un todo mayor (la parte por el todo). Pero, también, pegarle a “estos jóvenes K” (de La Cámpora o cualquier otra agrupación política cercana al Gobierno) que pueden llenar una plaza, cantar canciones y pintar banderas (o, incluso, escribir blogs) pero que no pueden “hacerse cargo de las cosas de los mayores”, es decir, de la política, es pegarle al Gobierno sobre su indiscutible decisión de abrir el juego a las nuevas generaciones. El mensaje es directo: no les podemos dejar el Estado y la Política a los jóvenes.

Esa es la operación que se esconde en las notas de Clarín, Perfil, otra vez Clarín y otros medios y en los dichos de Macri (como si este fuera el gran gestionador, cuando lo que muestra la Ciudad es justamente la incapacidad para administrar y hacer del Ingeniero).
Sin embargo, los números de AA son mucho mejores que los que tenía mientras se encontraba en manos de privados. Y estos números son públicos. Con lo cual no vale la pena comenzar una discusión en el terreno en que desean ponerla ellos: una discusión sobre números y estadísticas. Mi idea no es convertirme en un Auditor. Me parece que la discusión en realidad es más bien política. Sobre todo si somos conscientes que cualquier decisión “administrativa” o “de gestión” se encuentra fundamentada, siempre, en una decisión política. La base siempre es política puesto que implica un modo de ver el mundo. El hecho de haber estatizado AA no es una simple decisión administrativa o de gestión, es, antes que nada, una decisión política. El hecho de que AA llegue a todas las provincias del país y conecte el territorio no es una decisión “de gestión” simplemente. Hay allí un fundamento político, de carácter federal, que permite que esa decisión tenga un resultado concreto, se materialice.

Si el objetivo de las empresas de producción y distribución de mensajes y de la Oposición política, es pegarle al Gobierno a través de la gestión y de los “jóvenes”, creo que es el momento preciso para dar la batalla, para disputar el sentido. Y aquí la pelea debe salirse del plano sociológico; aquí la disputa comienza a ser generacional. No por una cuestión etaria, sino por una cuestión ontológica podríamos decir. Lo que “hace generación” en nosotros, aquello por lo que nos podemos definir como parte de (“somos parte de una generación…”) no es una “edad” sino un “problema”, un desafío y, en definitiva, una construcción, un objetivo a conseguir. Y el problema “que hace generación” en nosotros es la historia política (o la historia de la política) en Argentina. Lo que “hace generación” es el proceso que va de la Dictadura al menemismo y que hoy todavía se materializa en esa visión sobre la “cosa pública” que podemos leer en ciertas notas y en los comentarios de la mayoría de la clase política oposicionista negativista (qué es la juventud para el PRO sino un grupo de pibes que van a hacer pogo a un estadio de fútbol por una remera). Porque, en sentido inverso, podemos decir que el problema “que hace generación” en ellos es justamente la juventud, la novedad, el cambio. En definitiva aquello que ponga en riesgo las dos máximas de su política: la gestión debe ser privada y la política es cosa de grandes.

viernes, 4 de junio de 2010

8 Tesis sobre los Reventados

Sigo con mi hipótesis enunciada –implícitamente- en el anterior post: “El reventado, como una forma de ser, es la que triunfó en el ciclo 1974/2008”. Hoy, la madre de todas las batallas no es contra un grupo en particular sino contra una forma de entender y hacer el mundo. La forma en que hacemos política (a corto plazo), la forma en que se presentan las nuevas condiciones del trabajo (flexibilidad), la forma en que construimos nuestro relato (sin memoria colectiva).

Van aquí las 8 tesis sobre el reventado. Una primera forma de acercamiento:

I. Su única ley es la del instante, la de la oportunidad

El reventado no tiene una estrategia ni planifica un esquema de operaciones; el reventado está agazapado como un cazador furtivo, al acecho de su presa, “la oportunidad”. Tiene poco tiempo para apresarla y hacerla suya, de modo que sus movimientos son rápidos. El reventado gana en velocidad, “te copa la parada”. Hace de su falta de equipaje una virtud que le permite primeriarte la ocasión

II. El reventado no tiene ideología

Para el reventado la ideología es un equipaje pesado, que te propone un modelo de pensamiento siempre rígido al que vos aggiornás a la realidad. En cambio, el reventado no quiere aggiornar la realidad a ningún pensamiento sino, él es flexible, se acomoda a cualquier situación de manera tal de poder sacar ventaja. El reventado no quiere estar atado a nada que le quiete velocidad. Hay que tener siempre presente que su Ley es la del instante

III. Su mundo es el del “corto plazo”

No existe el “largo plazo” en el ideario del reventado. Pensar en esos términos requiere de un compromiso a futuro, de la búsqueda de objetivos que no se encuentran al alcance de la mano. En cambio, en el “corto plazo” del reventado todo es para aquí y ahora, el objetivo es ya.

IV. El reventado desdeña de la memoria

Toda memoria se compone de un relato, de un conjunto de costumbres, de una identidad de larga duración que el sujeto elabora en función de lo que le ha sucedido en la vida, pero siempre con un denominador común, con rasgos que la identifican sobre cualquier otro relato. El reventado, en cambio, es una suma de episodios y fragmentos cuya única conexión es la posición que se ocupa en el tablero en el momento de la oportunidad (haber estado en el lugar correcto, en el momento correcto).

V. El reventado no conoce la lealtad ni el compromiso

Tanto uno como el otro se establecen en relaciones duraderas, en la búsqueda de objetivos comunes. Uno no puede comprometerse con la contingencia del instante y la lealtad es, para el reventado, tan restrictiva como la ideología y la memoria. Son como el sobretodo en un día de calor: le pesan, no le sirven, no se puede mover con comodidad. Su equipaje es liviano, en su mochila lleva lo imprescindible, un cepillo de dientes y una muda de ropa

VI. El reventado prioriza las elecciones individuales por sobre los proyectos y acciones colectivas

Al ser el instante su única Ley, no tener ideología, vivir en un mundo cortoplacista, sin memoria, ni lealtad ni compromiso, es evidente que los proyectos colectivos son una pérdida de tiempo. Son una barrera a franquear, un obstáculo que le puede impedir cazar su presa en el único momento en que ésta asoma su cabeza entre los matorrales. La elección debe ser individual, no estar atada a nada ni nadie

VII. Sus armas son la velocidad y la flexibilidad

El reventado es liviano como una pluma y flexible como un chicle. Se estira y se moldea. Su campo de operaciones es el de la incertidumbre. Ahí se siente como en casa. Cuenta con una cartera llena de tretas y sus tácticas son irregulares. Su único plan es ser rápido y certero en la primera oportunidad que se le presente. Tiene una gran creatividad, puesto que debe resolver una encrucijada en cuestión de segundos.

VIII. El modelo de razonamiento del reventado es el de la metis

Aquí nos ponemos más teóricos. La metis es una “categoría mental”, no una noción, que se utilizaba en la Grecia antigua para diferenciar una forma de comprender, una forma de razonar, con diferentes parámetros, no tan lógicos y matemáticos como los que conocemos los occidentales. Marcel Detienne y Jean Pierre Vernant han escrito un libro al respecto, Las artimañas de la inteligencia, en el cual nos dicen: La metis es una forma de inteligencia y pensamiento, un modo de conocer. Implica un conjunto complejo, pero muy coherente, de actitudes mentales y de comportamientos intelectuales que combinan el olfato, la sagacidad, la previsión, la flexibilidad de espíritu y la simulación, la habilidad para zafarse de los problemas, la atención vigilante, el sentido de la oportunidad, habilidades diversas y una experiencia largamente adquirida. Se aplica a realidades fugaces, movedizas, desconcertantes y ambiguas, que no se prestan a la medida precisa, al cálculo exacto o al razonamiento riguroso”. El reventado es cien por ciento pura metis.

Todos tenemos algo de reventados en nuestra propia herencia. “La nostalgia del 1 a 1”, como me dijo un amigo. Siempre resulta más fácil luchar contra otro y, mucho mejor, si ese otro es pasible de delimitar. Uno a uno, como en el barrio. A las trompadas. Mucho más difícil es luchar contra la niebla, más aún si es parte de uno mismo.

Sigo pensando que estamos a mitad de camino entre dos épocas, entre el duelo y el parto. En pleno quilombo. Nunca me he sentido mejor.

martes, 1 de junio de 2010

La decadencia de los reventados o cómo decir algo de los 90'



Como dijo Desiderio, perdimos los radicales pero ganamos los peronistas (...)

Siempre al costado Vitaca, uno tiene que subirse al carro y chau.

Si no te hacen lugar, hacételo de prepo, heróico,

como Tarzán, en pelotas y a los gritos

Jorge Asís, Los Reventados (1974)


En un excelente post se planteó la siguiente pregunta: ¿cuándo terminaron los 90’?. De por sí ya es una pregunta que condiciona, en cierta medida, la respuesta, ya que da por sentado que terminaron y sólo falta ponerle una fecha. La pregunta debería ser, por ende, doble: ¿terminaron los años 90’? Y si la respuesta es afirmativa, ¿cuándo terminaron? Sin embargo, esto no me termina de cerrar. Creo que hay una pregunta previa que es necesario contestar (o al menos intentar tener una aproximación a una respuesta que nos permita avanzar) para poder responder éstas dos. A saber: ¿qué decimos cuando hablamos de los 90’, qué significan realmente para nosotros?

En pocas palabras, creo que los 90’ son el ascenso al poder de “los reventados”. La culminación de un ciclo que comienza a principios de la década de los 70’, alcanza su cumbre más alta a mediados de la década de los 90’ y de ahí comienza un descenso sinuoso y calmo hasta la picada final y apresurada en donde choca, abruptamente, contra una realidad hostil que dejó de vivar el ideario reventado, para comenzar a preguntarse y ahora qué hacemos. Esto es: el 19 y 20 de diciembre de 2001. El umbral entre este final y una nueva época que todavía debe ser pensada y que reclama a gritos los conceptos para ello, es el que va de diciembre de 2001 a mayo de 2003 (25 de mayo de 2003 para ser más precisos).

Pues bien, ¿qué son los reventados?, se preguntarán. Y ¿por qué este ciclo de casi 30 años? Los Reventados es una novela de Jorge Asís (el reventado por excelencia) publicada en el año 1974. En el especial año de 1974 que, según la memoria estadística de este país, es el año con menor desocupación, menor pobreza y cero indigencia de nuestra historia. Es decir un año de pleno empleo, de producción, de consumo. Después veremos qué significa esto en el ciclo reventado. Volviendo a la novela: ésta cuenta la historia de un grupo de personajes que intentan “salvarse” vendiendo póster de Perón en el día de su regreso –truncado- a Ezeiza. En el inicio de la novela se nos dice claramente qué son los reventados: “Reventados (sin un peso en las faltriqueras, sin siquiera poder salir a la calle, eternamente en la oficina fumando los cigarrillos que la noviecita de Willy les había obsequiado la noche anterior, mirándose, deletreando ocasionalmente algunas palabras tal vez salvadoras, algunas ideas que los rescataran del precipicio, esbozando alguna posibilidad de salvación, las posibilidades más delirantes, una revista sobre magia, algo sobre el prode, una campaña de publicidad), Willy y Cristóbal pasaban las horas”. O: “... uno siempre vive a la deriva, dispuesto, preparado para salvarse”.

Los reventados son los cazadores furtivos al acecho de la presa, del instante fugaz que corresponde a toda oportunidad. Siempre dispuesto a pegar el zarpaso para salvarse. Hay un sentido del olfato, una agudización de la vista. No hay un pensamiento racional que lo sustente ni un programa, tampoco una ideología, hay más bien un pensamiento corporal, instintivo. Una astucia.

Creo que para comprender este ciclo de ascensión del reventado, lo mejor es interrogar el derrotero del propio Asís. Veamos: Jorgito comienza su militancia política en el PC. Esta novela que hoy estamos tratando es publicada por la revista Crisis (una de las mejores revistas que tuvo el país, sino la mejor). Obtuvo además la Primera Mención del concurso de Casa de las Américas de 1974 (un premio que tuvo, entre otros, el gran David Viñas). A partir del año 76’ comienza a ser parte del Diario Clarín. Como un reventado sin ánimo de esconder ningún amague, nos dice que le dicen: “Tenés que ser el orificio por donde respira el diario, el Clarín”. Casi con claridad, y está contado en otro libro mío, Diario de la Argentina, me dicen: “Nosotros estamos con el proceso militar en lo político pero estamos en contra del equipo económico Martínez de Hoz”. En aquel tiempo estaban los desarrollistas, frigeristas, con el control ideológico de Clarín, todo lo que sea crítica a la cuestión económica era bastante bienvenido porque el desarrollismo aspiraba a quedarse con la parte económica del proceso. Todas estas cosas, que yo las entiendo después, pero en ese momento, para mí era un laburo que me salvaba. (la cursiva es mía). Ya en 1984, en plena fama gracias a Flores robadas... escribe su novela sobre Clarín (Diario de la Argentina) en la cual rompe directamente con el Diario y a partir de ahí empieza su época de ostracismo hasta que finalmente, como en un manotazo de ahogado digno de un reventado con todas las letras, se “reconvierte a la política”: “Pero con la política –nos dice–, en muy poco tiempo, otra vez otro gran salto mío, termino como Su Excelencia en París”.

De militante del PC, premiado en Casa de las Amércias, Cuba, a embajador en París y Secretario de Cultura con Menem. Este viaje más que interesante es una expresión, un reflejo concentrado, del ciclo de ascensión del reventado al poder en la Argentina.

A través de esta sucinta síntesis he intentado dar una respuesta a lo que creo yo que simbolizan los 90 como época. Una época signada por fuertes variables políticas y económicas pero también culturales. Que se inicia en un momento donde el país está muy bien económicamente, donde se comienza a concretar la vuelta de Perón y donde la cultura pop está en pleno auge. De ahí en más: Dictadura, la bicicleta, la vuelta a la democracia, la Coordinadora, los Capitanes de la Industria, Clarín siendo más que un Diario, la híper, Menem (el pico más alto del ciclo), Clarín ya siendo el gran multimedia, y la Alianza. Todo eso termina de explotar en diciembre de 2001.

¿Terminaron entonces los 90’? Yo creo que sí. Aunque no creo que el reventado haya conocido todavía su ocaso. Estimo que esa posibilidad todavía es remota, ya que mantiene sus raíces muy hundidas en la tierra. Tardará un tiempo estimable en diluirse como una helada braza. Sin embargo, creo que ya ésta figura no gobierna, por la simple razón que los canales de discusión y de acción antes obturados han comenzado a perder toda la mugre que no los dejaba fluir. Si el umbral que separa una época de otra lo ubico entre diciembre de 2001 y mayo de 2003, me parece que junio de 2008 es la fecha en que esta nueva época, todavía por ser transitada y pensada, comienza a tomar forma. A partir de la derrota el kirchnerimo, se me ocurre, encontró su propia identidad. Y en esa identidad, el reventado ya no tiene lugar: no porque se haya dejado de jugar por todo o nada (eso está más vivo que nunca) sino porque los objetivos de ese todo o nada, han cambiado radicalmente.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Los agentes dobles del Bicentenario

Uno
Siempre creí que el doble espionaje era parte de las novelas o las películas que se hacían sobre la adaptación de esas novelas. Es decir, siempre lo vi como parte de una ficción que expresaba el juego perpetuo entre fantasía y realidad, entre cara y cruz. Fantasía del doble: ser una persona y, en el fondo, ser otra. Sin embargo, como siempre, la historia se ha ocupado en desmentirme. En ilustrarme.
Pero ahora, siendo algo más que un niño consumidor de películas de James Bond un sábado a la tarde, con la lluvia mojando la precaria canchita de fútbol frente a mi casa y un pan con manteca y azúcar en mi mano, pienso en la posibilidad real de que existan entre nosotros espías, agentes dobles. Pero ya no cómo aquél agente inglés (siempre preferí a Sean Connery), sino como parte de una remake del agente 86. Es decir: agentes que sin saberlo hacen de dobles agentes; espías que mueven las ramitas, personajes que en su sobreactuación producen el efecto contrario al que tenían en mente al efectuar la acción.
Sino no hay otra manera de explicarlo, me digo. “Aquí hay agentes dobles”. Los sujetos que han hablado y operado en torno al Bicentenario en contraposición con la gala del Colón, o con cualquier otro suceso que les haya servido para poner de manifiesto sus diferencias, no tengo dudas, son agentes dobles que trabajan para el kirchnerismo. Sino no se explican las palabras, por ejemplo, de Mirta Legrand, cuando dice -refiriéndose a la gala del Colón-, “lo de ayer fue magnífico, perfecto. Felicitaciones Sr. Macri. Estaba todo muy bien organizado: había vallas y la gente no molestaba”. Alguien que dice esto, en el contexto de más de 2 millones de personas por día en las calles festejando, sólo puede tener un objetivo: que el que todavía no se dijo así mismo “bueno, la verdad es que algunas cosas están cambiando, estos tipos (por el Gobierno) algo están haciendo bien”, lo empiece a hacer con ganas.

Dos
El doble agente siempre plantea las cosas en términos binarios. Por eso es, justamente, doble. En este caso, la cosa la han planteado en términos de fiesta versus gala. Y aquí hay una cuestión que inevitablemente resurge cuando puede. Está en las napas que nos soportan cotidianamente y ante alguna lluvia fuerte empiezan a desbordar. Pese a que no me gusta pensar en términos de amigo/enemigo, de bueno y malo, es decir, en términos binarios, siempre el problema surge bajo esa expresión maniquea.
La cuestión de la fiesta como expresión política de lo popular es más vieja que la política misma. No vamos a reflotar esos análisis que cualquiera puede ver en novelas populares como “Gargantúa y Pantagruel”, de Francois Rabelais o, si se quiere pensar más de cerca, más en términos locales, en “La fiesta del monstruo” de Bustos Domeq (Borges-Bioy) o “En el último de los martinfierristas” de David Viñas.
La fiesta como avanzada, como apropiación de la calle, como desterritorialización del orden vehicular y las normas de tránsito. Como contrapartida: una gala con vallas. La verdad es que este análisis ya se vuelve básico de lo trillado. Pero si bien no por esto pierde efectividad en su objetivo: poner de manifiesto la expresión de diferentes modos de existencia, creo que a esta altura ya no suma nada nuevo; no hay nada que ya no sepamos sobre los grupos de poder, las clases, los modos de habitar los espacios, etc., que pueda surgir de esta forma de vivir el Bicentenario (por ponerle algún nombre).
Lo interesante de todo esto es que había personas que tenían ganas de salir a la calle y festejar. Estar con otros y elaborar una comunión soberana (y profana, por ende). ¿Qué lectura vamos a hacer de eso? Ese interrogante es el que plantea la política por venir (la política siempre es un porvenir). Quiero decir: contestar esa cuestión es el sino de las acciones políticas de, como mínimo, el siguiente año y medio que nos queda (antes de las elecciones). El modo en que la leamos y le demos respuesta o, mejor, intentemos darle respuesta, va a ser el modo en que hayamos entendido la política para la argentina que viene. El grado de lejanía con el espíritu real de ese interrogante (cuan lejos estemos en nuestra respuesta de lo que realmente escondía esa pregunta) será correlativo al grado de separación que tengamos con el propio cuerpo (pueblo y multitud) que se manifestó en el territorio. Obviamente, separado por vallas.

Tres
Por eso, el error está en ser agentes dobles. En cometer los errores básicos del contraespionaje. Comprar pescado podrido y venderlo como caviar. No caer en la tentación de efectuar análisis triunfalistas ni de pensar que esto es parte de una expresión popular que, aunque medianamente espontánea, se encuentra dirigida e intencionada (es un error pensar que salieron a la calle por nosotros y para nosotros). No seamos agentes dobles.
Aquí se conjugaron diferentes variables que deben ser pensadas cuidadosamente. Ni la política ni la antipolítica (que es otra forma de la política) surgen de un día para el otro. Son parte de procesos más amplios y difíciles de asir. Aquí por supuesto debemos pensar en los aciertos que se dieron fundamentalmente a partir de la derrota de junio. Aciertos políticos que en un escenario de todo o nada empezaron a consolidar una identidad política para el kirchnerismo. Lo que hasta ese momento, por obra de las buenas elecciones, sólo se mostraba en ciertos retazos (sobre todo en los DDHH), empezó a surgir como un camino de ida sin retorno (SIPA, AUH, Ley de Medios, Reforma Política). Esas leyes fueron la plataforma de lo que se expresó en las calles en este mayo. Esas manifestaciones fueron el correlato de aquella derrota. Aquella derrota fue el inicio, quizá, de otra política. No de otra forma, sino de otras cuestiones, de otro Programa. Ese Programa todavía incipiente es el que debe convocarnos. Están esperando que sus páginas continúen escribiéndose a la luz de aquella derrota, pensando en todas las posibles victorias.
Nos han avisado: “aquí estamos”.

Lo que viene, lo que viene...

Yo no sigo el camino de los antiguos
busco lo que ellos buscaron
Basho

Hoy escuché dos comentarios similares ante la pregunta por los festejos del Bicentenario: la respuesta, en pocas palabras, fue que no debíamos estar festejando ni celebrando nada puesto que había hambre, inseguridad, conflicto en el país. De Narváez por un lado y Lanata por el otro llegaban a una misma conclusión desde lugares disímiles, tanto ideológica como biográficamente. Lo cual debe hacernos pensar en algo. Digo, cuando dos sujetos, con vivencias y creencias tan desencontradas comparten una misma visión sobre un suceso importante, cabe el lugar para permitirnos hacer la pregunta sobre qué es lo que expresa esta situación.
Decir que es improbable que en un mundo como el nuestro se llegue al hambre cero, para recién ahí poder festejar o celebrar me parece una pérdida de tiempo que el lector sabrá valorar (justamente el hecho de que no le hagamos perder el tiempo discutiendo ese argumento). Decir que el ánimo oposicionista-negacionista de ambos sujetos no les permite ni siquiera un digno sentido de la oportunidad, tampoco me parece que deba robarnos mayor tiempo que el que ya no le permitimos al anterior argumento. ¿Qué decir entonces? ¿Por qué puede ser que nos resulte importante que estos dos sujetos tan dispares hayan llegado a una misma visión? Si no podemos tener en cuenta el argumento obtuso del orden de prioridad (no podemos festejar nada hasta que el mundo sea bueno y justo) ni tampoco podemos tener en cuenta el hecho de que no les gusta el Gobierno de CFK-NK (porque no pueden dejar de asociar estos festejos con el Gobierno), ¿qué podemos decir?
Nada. Absolutamente nada. Y justamente eso es lo interesante del asunto. Creo que se está llegando a un punto en el que los comentarios que hasta ayer nomás hubiéramos gastado tinta y tiempo en discutir, en demostrar lo errados que estaban, en cómo a través de sus palabras operaba una ideología neoconservadora, etc, etc, ya no están mereciendo el tiempo y las ganas que sí, en un contexto de silencio (se rompió el espiral de silencio, como dice Artemio) valían la pena efectuar.
Creo que la estupidez a la que estábamos acostumbrados debe quedar a un costado del camino. No digo que le dejemos de prestar atención. Pero me parece que lo interesante es lo que está por venir. Si me preguntan, creo que vale la pena poner el cuerpo a lo que se asoma en la esquina. Eso sí merece nuestro tiempo. Y nuestra tinta.

lunes, 17 de mayo de 2010

Sanz: vocero del país que quiere ser

¿Qué pueden esconder las declaraciones de Sanz, el presidente de la UCR? Digo, porque no puede haber sólo una lectura de lo que esconden esas palabras. Hay, por cierto, muchas lecturas que se van superponiendo como capas geológicas. Observar, analizar y estudiar cada capa te permite saber algo más de tu objeto, aprehenderlo con mayor fidelidad. De hecho, esas palabras hoy ya dejaron de ser de Sanz, vocero incontinente de una casta (para seguir pensando en capas) específica, delimitada, para ser justamente de todos aquellos que en su fuero interno resuelven sus conflictos de la misma forma, diciéndose a sí mismos: “el otro, el del márgen, amenaza lumpen de mi forma de vida, no quiere trabajar, no quiere ir a estudiar, sólo quiere drogarse, cortar las calles y que todo le venga servido en bandeja”, son unos “indígenas, unos salvajes”.

Pensar lo que dijo Sanz como una expresión aislada es un craso error que no nos podemos permitir. Como tampoco nos podemos permitir pensar que quien lo dijo es un “troglodita”. Sanz no está aislado y no es un troglodita. Que lo que dijo no me guste o que crea que no resiste un análisis empírico ni teórico, no me caben dudas. Pero me parece que estas frases hay que ponerlas en su marco justo. Sanz, cuando dice lo que dice, se convierte en la voz de un proyecto, de modo de ver el mundo. Por eso, decir que está aislado es no reconocer que este proyecto existe (el que conforman las Empresas de Telecomunicaciones, de la Agroquímica, agroindustria, Macri, De Narváez, Carrió, ect.) y decir que es troglodita es pensar que esas frases no se encuentran sustentadas por un trasfondo teórico, metodológico y, por supuesto, ideológico.

Me parece que devolverle a esas frases la fuerza programática que tienen (más allá de lo que haya querido decir Sanz; me parece que son las palabras las que hablan a través de él y no él a través de las palabras) es devolverle su real espesor, su verdadero grado de amenaza.

No me interesa discutir sobre el contenido lineal de esas palabras (obviamente estoy en total desacuerdo con la afirmación de Sanz por muchos motivos, pero no es eso lo que me interesa pensar en este momento en particular ya que muchos se han ocupado de refutarlo); lo que me interesa es no perder de vista que esas frases, esas palabras lanzadas desaforadamente por la radio, son una plataforma de acción para un proyecto de país real, es decir: posible. Quizá ahora algún floreado comunicador o experto en marketing político mesure y administre mejor las bocanadas acústicas de este señor, pero lo cierto es que ese especialista nada podrá hacer con el fondo de la cuestión (esa puerta está cerrada para él): dentro del plan de país que se viene (si esta gente accede al poder), está claro que una de las premisas o ejes será el desarme de todo lo que hasta aquí, en materia de seguridad social, se ha hecho. Zapatero al lado de éstos es Robin Hood.

Como dijo Diego Bossio, el Director Ejecutivo del ANSES: "Para el presidente de la UCR la pobreza se combate dándole dinero a los ricos, porque los pobres no saben administrarse"

miércoles, 12 de mayo de 2010

Dos más de Cobos: cuando creías que ya lo había hecho todo, él te vuelve a defraudar...

Estas son muy buenas:

Uno
Cuando creías que ya no le quedaba nada por decir, él te demuestra que la estupidez y el cinismo son una condición necesaria para la memoria a corto plazo, esa que te permite, como un viejo gagá (pero mucho antes de serlo por razones biológicas), decir cualquier cosa sin necesidad de que lo dicho guarde alguna coherencia histórica (el viejo gagá no resiste ningún archivo, pero el cinismo y la estupidez funcionan como vacunas ante la posibilidad de poder experimentar la propia incoherencia):

Cobos consideró que Néstor Kirchner no puede mantener su banca de diputado tras asumir en la Unasur
Y por casa???
DOS
Cuando creías que ya no quedaba nadie por traicionar, él te enseña que siempre hay alguien más:


Hace poco más de una semana se creó un grupo denominado Juventud Cobista (JC), el cual buscaba respaldar al vicepresidente Julio Cobos de cara a las elecciones presidenciales de 2011. Sin embargo, su existencia duró un suspiro y ya se disolvió porque el presidente del Senado no quiso recibirlos

martes, 11 de mayo de 2010

Qué es lo que le da vergüenza a Tenembaum?


1.
Hay una frase muy conocida (pero no por eso menos efectiva) de Karl Krauss que siempre que vuelvo a leer o rememorar me da mucha gracia: “No tener una idea y poder expresarla: eso hace el periodista”.
Siempre me gustó de Krauss esa capacidad para sintetizar, en breves pero punzantes estiletes, una idea, una situación o un modo de ser.
¿Cómo es que rememoré esa frase de Krauss?, se preguntarán; bueno, eso es toda una historia. Resulta que estaba leyendo algún diario en Internet cuando me crucé con una nota firmada por Ernesto Tenembaum titulada “Vergüenza ajena”. Como es alguien que me interesa leer, por diversos motivos, me tomé el trabajo. Pues bien, puedo decirles sin faltar a la verdad que toda la nota podría resumirse en un largo y tedioso acto de defensa corporativa de los “periodistas que hacen su labor” frente a los negadores-oposicionistas oficiales que buscan embarrar la memoria histórica.
Su gran tesis es la siguiente: el Gobierno (y toda la caterva de discursos que lo acompañan, llámese 678, Blogs K o lo que fuere), reconstruye la historia del país a través de un modelo binario de “buenos” y “malos” (no quiso decir amigo/enemigo, pero en el fondo es muy probable que lo haya pensado. Hasta quizá lo escribió pero se apresuró a borrarlo para no quedar pegado a la fantochada de Noticias). Donde ellos, el Gobierno y sus agentes de propaganda son los “buenos” y el resto, el conjunto de discursos independientes personificados por periodistas que han dado muestras en diferentes situaciones de su valentía histórica y su coraje ético son los “malos”. Y cito porque es muy gracioso cómo está planteado: “La operación es más o menos como sigue. En la historia argentina hay buenos y malos. Los buenos son buenos siempre y los malos son, obvio, malos siempre. Los buenos, hoy, son el Gobierno y todos los que los apoyan. Los malos, quienes critican. Como esa categoría ontológica –los buenos, los malos– no cambia con el correr del tiempo, está claro que los buenos de hoy son los mismos que los de la dictadura y ocurre algo similar con los malos. De manera que quien critica al Gobierno hoy está del lado de los malos y por ende era cómplice de la dictadura, no importa lo que haya hecho en aquellos años. Y, al revés: quien defiende al Gobierno hoy se transforma, sin solución de continuidad, en miembro de la resistencia en los setenta, tampoco importa lo aplicado que haya sido entonces”.
Tenembaum, a través de anécdotas que buscan resaltar la bonhomía y ética profesional de los perfiles en cuestión, hace exactamente lo mismo pero en sentido inverso: Por un lado está Néstor Kirchner y su mujer que son los malos, los que nunca hicieron nada por los Derechos Humanos, los que apoyaron la reelección de Menem junto con la “propaganda oficial”, los “berretas” que le causan “vergüenza ajena”. Por otro lado está Magdalena que es la buena de la película, la heroína que puso en cada momento histórico una palabra justa y sincera, cuando nadie ¬–o casi nadie- lo hizo.
En fin: la idea es ya mala de antemano y el problema no es que la plantee una vez sino que lo haga dos veces! En la primera critica la operación y en la segunda la hace efectiva para reponer sus personajes.

2.
Es importante que no se interprete que con esto estoy juzgando a Ruiz Giñazú ni al propio Tenembaum. Simplemente, no me gusta la forma en que se plantean las cosas. Es demasiado simplista reducir tanto a uno como a otro a una frase dicha en un momento particular de su historia personal. Creo que hay suficientes elementos como para hacer un análisis más exhaustivo y complejo (quiero decir rico) sobre cada uno de los personajes (me gusta pensarlos como personajes porque cada uno fue utilizado en el cuerpo de la nota de ET para un fin específico: ninguno tenía más vida que la que le otorgaba el propio autor de la nota, eran marionetas que le permitían decir, a través suyo, lo que él quería decir. Que se llamen como se llaman parece más bien una coincidencia). Entiendo que todo esto se debe a que por primera vez se ha puesto en cuestión la tarea misma del comunicador. Antes asistíamos a un cuestionamiento académico; ahora lo estamos viendo, valga la paradoja, por televisión. En vivo y en directo. En su propio territorio. Pero esto, por suerte, es sintomático de una época en la que todo está entrando en cuestión, incluso lo que antes parecía incuestionable (porque los medios, como ya nos lo enseñara El Principe, nunca se cuestionan). El problema es que en este caso, los protagonistas, los periodistas, no están acostumbrados: son como bebés que deben desarrollar su aparato digestivo. No pueden digerir todavía esta “leche maligna” y lanzan gases por doquier. Todo huele mal!

3.
En cada situación ponen en marcha el mismo mecanismo: privilegian el enfrentamiento entre las personas (en este caso los políticos contra algún representante del inmaculado “ente autónomo los periodistas”) en detrimento de la confrontación entre sus argumentos, es decir, lo que realmente deberíamos estar discutiendo. Pero se prefiere plantear el problema en términos de “Kirchner dijo esto o aquello”, “La Presidenta esto otro”, “Aníbal esto”, etc. Siempre es más fácil poner en tensión las contradicciones de los sujetos que discutir la cuestión de fondo. Es el modelo “noticia de chimentos” que gobierna, en la era de lo espectacular integrado, al periodismo autóctono. Es como decir: esa película es una cagada por las opiniones del Director o porque la actriz principal “es una soberbia”. Discutamos el argumento muchachos!!!

4.
Por último, me gustaría pensar -y manifestar- que la palabra o el concepto “vergüenza ajena” es demasiado “pesado” para la nota, incluso para el espíritu de la nota si se quiere, que nos plantea el propio Tenembaum. ¿Acaso decir que un periodista hizo esto o aquello, que un Fiscal trabajó con este o aquél o que un programa de la TV pública haga una canción con la idea de que somos unos boludos, puede causar vergüenza ajena? ¿Eso es lo que le causa vergüenza ajena a Tenembaum? Más allá de quien lo diga, me parece que la vergüenza ajena la debemos dejar para cuestiones de las que realmente nos debemos avergonzar y no ya en términos personales, como si viera Tinelli y me diera vergüenza ajena lo que veo; me parece que nos debemos interpelar como una experiencia compartida, la de la comunidad, la del país, sobre qué cosas son las que no debemos dejar pasar, las que debemos atender y solucionar y las que, de no resolver, nos deben no sólo dar vergüenza sino, sobre todo, dolor.
Por suerte hay algunas noticias recientes (que no quiero ni linkear porque ya todos saben de qué hablo) que van justamente en sentido inverso: hacen que la vergüenza histórica que formaba parte de mí como ciudadano, que era parte indisoluble de mi experiencia como habitante de este suelo, empiece a desaparecer. Pero sobre eso, mi estimado Tenembaum, no se habla. Salvo, por supuesto, la propaganda oficial.
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